Patatosis
Érase una vez un inocente vegetariano, fresco como un rabanito y dulce como una ciruela. Este vegetariano sabía que la alimentación vegetariana es nutritiva, sana y variada, y le encantaba comer todo tipo de verduritas, cereales, legumbres y frutas. Se preparaba una comidas tan ricas que, a veces, incluso sus amigos omnívoros le pedían probar un poco.
Un día, este inocente vegetariano decidió aventurarse al mundo exterior. Había oído que la cosa estaba chunga, pero nunca se pensó que llegara a aquel extremo. Los bares estaban llenos de cocineros ignorantes y de camareros prejuiciosos. Cuando pedía “algo sin carne”, le ofrecían pescado, y cuando decía que no, que pescado tampoco, le miraban con cara rara y señalaban hacia lo único que tenían en la barra y que cumplía esas características: las patatas.
En el primer bar de la noche, el vegetariano pidió tortilla de patatas. En el segundo, patatas bravas. En el tercero, patatas fritas con mayonesa. En el cuarto, patatas con ali oli.
Entonces, sus amigos omnívoros, que tenían el estómago bien lleno de animalitos muertos, empezaron a mirar al vegetariano con cara de extrañeza. “¿Qué pasa?” preguntó él. “Nada, tu piel… tiene un aspecto raro. ¡Y se te está hinchando la cabeza!”. Se tocó la cara con las manos. Es verdad que su piel parecía más rugosa que de costumbre, con bultitos por todas partes. Fue a mirarse al espejo del baño y vio cómo su cabeza había crecido y su pelo se había caído al suelo… No cabía duda: ¡¡¡se estaba convirtiendo en patata!!
Asustado, y antes de que su transformación cobrara visos aún más espeluznantes, se fue a su casa y llamó a su amigo vegetariano, para ver si alguna vez le había pasado algo parecido. “Tranquilo”, dijo su amigo, “es patatosis. La causan los omnívoros que se creen que no se puede tomar un plato sin añadirle su ración correspondiente de cadáver, y que dejan como única opción vegetariana la patata en todas sus variedades. “Vaya - dijo nuestro amigo-, ¿y tiene cura eso?”. “Claro, hombre, no te preocupes. Llégate a la página de Magari [enlazada al margen] y prepara la receta más rica e imaginativa que se te ocurra. Ya verás como se te pone otra vez cara de normal.
Y así fue como el vegetariano se curó de su patatosis y vivió feliz en su mundo ideal de lechuga y tofu.
No es tan difícil
He pasado el puente de Mayo en Salamanca, en casa de una colega que estudia allí. Nos hemos juntado todos los amigos desde todos los rincones del país (Granada, Barcelona, Málaga) y nos hemos reunido a pasar cuatro días fantásticos.
La amiga que vive allí, Elsa, no come carne, aunque sí pescado cuando se lo preparan. Como nosotras habíamos pagado nuestro viaje, ella se encargó de darnos de desayunar y comer durante el tiempo que estuvimos allí… por supuesto, vegetariano. No es fácil preparar comida vegetariana para doce personas (y a veces nos juntábamos más), pero Elsa demostró que con imaginación, buen hacer y colaboración, se puede alimentar a un montón de gente sin cadáver y haciéndolos disfrutar al mismo tiempo.
Os cuento el menú:
El primer día, tomamos unas pizzas cuatro quesos con patatas fritas. Aún no había llegado todo el mundo y los que estábamos no queríamos hacer nada complicado, así que comimos con bastante poco equilibrio nutricional (jejeje) pero con mucha satisfacción
El segundo día hicimos una Superlasaña de Verduras, alternando capas de espinacas y champiñones con bechamel y queso. También preparamos Ensalada Griega con tomate, pepino, cebolla, aceitunas negras y queso feta.
El tercer día cocinamos Cuscús con verduras (calabacín, zanahoria, cebolla y garbanzos) y Ensalada de judías blancas con tomate, cebolla, pepino, pimiento rojo y judías. Además, comimos un risotto de setas y aceitunas negras que trajo una amiga de Elsa (también vegetariana).
El cuarto día ya volvíamos de viaje, así que almorzamos en un bar de carretera. Yo tomé patatas con alioli* y pimientos asados.
Vale que el menú tiene demasiados lácteos, para mi gusto, pero teniendo en cuenta que una docena de omnívoros se lo comió sin rechistar (es más, yo diría que con bastante placer) el resultado no está mal del todo
De lo que no estoy tan contenta es de la oferta vegetariana de pinchos en Salamanca. Encuentro que Granada tiene más tapas vegetales y más variadas (para que luego digan que si los andaluces esto y lo otro); allí prácticamente sobreviví a base de tortilla de patatas y patatas bravas (algún día publicaré un post sobre misteriosas muertes vegetarianas a causa de la patatosis). Lo mejor que me encontré fueron unas setas en salsa y unas bolas empanadas de patatas con queso que, si bien no variaban mucho los ingredientes en los que se basaba mi dieta, al menos los presentaban de una forma más original.
Besitos a todos :***
* Anécdota: cuando viví en Barcelona me enteré de que la palabra alioli viene del catalán all (ajo) i oli (aceite). Mi compañera de piso, en un afán porque la entendiera, me decía: “¿quieres ajoaceite para las patatas?”. No se podía creer que en el resto de España lo llamáramos igual xDDD
